C.C. Baxter: “He dicho que no tengo familia, no que mi apartamento esté vacío”

Cuando vi por primera vez “Breve encuentro”, en una de esas sesiones televisivas de “Cineclub” que con tanta nostalgia recuerdo, yo era apenas una niña. Y no creo que fuera por eso, pero nunca me pregunté cómo era la vida de aquel hombre que prestaba su apartamento a Alec y Laura para sus encuentros adúlteros. Afortunadamente, Billy Wilder sí lo hizo. Y esa fue la semilla de una maravillosa película, “El apartamento”, y de su inolvidable protagonista, Calvin Clifford Baxter, más conocido como C.C. Baxter, “Buddy” para los amigos.

C.C. Baxter, uno de esos seres grises para los que la vida parece no tener reservadas grandes cosas, vive en un pequeño pero acogedor apartamento en el 67 de la calle Oeste, en Manhattan. Cuando sale de la oficina nadie le espera en casa. Quizá con suerte haya alguna buena película en la tele. Sin embargo, para el vecindario es un mujeriego y fiestero incansable al que incluso el vecino médico, sublime Doctor Dreyfuss, pide que done su cuerpo a la Ciencia. (Agradezco desde aquí a Baxter que nunca aclare el error, dando pie a algunas de las más divertidas escenas de la película).

Y es que, mientras él espera en un banco del parque, las fiestas se suceden en su apartamento, desde el día en que no supo decir “no” a un amigo que necesitaba un lugar donde “cambiarse de traje para un Congreso”. Al que siguió un compañero que también necesitó un día… ejem… “cambiarse de traje”. Ahora no puede librarse de ese cuarteto de caraduras, sus jefes inmediatos, que han convertido su apartamento en un lugar de citas clandestinas, a cambio de recomendar al “leal y eficiente” Baxter para un ascenso. Excusa que ayuda a nuestro protagonista a considerarlo un aprovechamiento mutuo, aunque para ellos no sea más que “un bobo de la oficina”. Y eso que no le han visto como yo, griposo y haciendo malabarismos con la agenda y el teléfono para poder disponer un rato de “su apartamento”.

Así transcurre su insignificante vida… hasta que el Director de la Empresa de Seguros donde trabaja, el Sr. Sheldrake, se pregunta el porqué de la popularidad de Baxter, uno más entre los 31.259 empleados de la Compañía. Y le gusta lo que descubre. A partir de ahora dispone de un bonito y sobretodo discreto lugar al que llevar a su último capricho. Y a cambio Baxter… Bueno, Baxter aún no sabe que la amante de su jefe es precisamente Fran Kubelik, la dulce y presuntamente casta ascensorista por la que nuestro amigo “Buddy” suspira. Llegados a este punto no es extraño que las cosas se compliquen y Baxter acabe compartiendo con la chica, además del espejo roto de las desilusiones, algunos momentos tristes  y una partida de cartas inacabada.

Si para Fran Kubelik, C.C. Baxter es “el único que se quita el sombrero al subir al ascensor”, para mí, que nunca he coincidido en un ascensor con él, es el único hombre al que he visto colar los spaghetti en una raqueta de tenis… No oculto que a mí este personaje me inspira mucha ternura. Por eso me alegra ver que su dignidad final tiene recompensa, aunque sea en forma de “Tres, reina… Cállate y reparte”.

Mar.

Jack Lemmon es el tierno C.C. Baxter en “El apartamento” (1960) de Billy Wilder