Carol Lipton: “¿No nos estaremos convirtiendo en un par de cómodos zapatos viejos?”

Imagina que ayer conociste en el ascensor a una agradable pareja de vecinos de avanzada edad, Paul y Lillian House, con los que acabaste compartiendo un café. Y que hoy te encuentras con la noticia de que la Sra. House acaba de morir de un infarto. Tú acabas de salir de un cine donde proyectaban “Perdición”, una historia negra de crímenes y traiciones. Así que cuando empiezas a notar en el comportamiento del recién enviudado vecino algunas cosas que no te encajan, lo más normal es que cual detective amateur empieces a espiarle, robar llaves, colarte en viviendas ajenas y esconderte bajo las camas. ¿O no? Y todo mientras tu nervioso marido te persigue ordenándote inútilmente que vuelvas a la cama.

Claro que también debe influir que Carol Lipton sea una aburrida ama de casa, curiosa e inquieta ex publicista, casada desde hace más de 20 años con Larry, un editor con el aspecto de Woody Allen (neurótico y miedoso) con el que parece no tener mucho en común. Y más ahora que el único hijo de la pareja estudia fuera de casa y que él se está volviendo tan serio con la edad (bueno, eso dice ella. Yo no puedo parar de reír con sus comentarios). Lo que sí es cierto es su error al no animarla en su sueño de montar un bonito restaurante, siendo ella tan buena cocinera, capaz de hacer postres que te obligarían a hacer ejercicio durante un mes para compensar. Tras el breve encuentro con el matrimonio House, Carol no puede evitar preguntarse si van camino de convertirse en una pareja como la de los vecinos, con su tele, sus tostadas y sus tumbas pareadas.

Ahora Carol está dispuesta a sacudirse la rutina viviendo la mayor locura de su vida. Y si Larry no tiene la más mínima curiosidad por este “Misterioso asesinato en Manhattan”, buscará fuera de casa lo que en ella no encuentra. Y ahí está Ted, guionista y director teatral, recién divorciado y amigo de la pareja, que se ofrece con gran entusiasmo a ayudarla en su investigación… y en lo que haga falta. No en vano lleva tiempo enamorado de ella y ve en esta aventura una buena oportunidad de acercamiento. Y así, mientras Carol busca las piezas de su rompecabezas, su matrimonio se descompone peligrosamente.

Su marido, celoso y desplazado, no tiene más remedio que unirse a la tarea detectivesca si quiere recuperar la atención de Carol, aunque ella premia su gesto regalándole un momento claustrofóbico-inolvidable en otro ascensor, esta vez con sólo uno de los miembros del matrimonio House, claro, ¿o no está tan claro? El caso cada vez es más complicado. Paralelamente, para alejar a Ted de Carol, Larry intenta emparejar a éste con Marcia, una fascinante y talentosa escritora experta en el juego de póker por la que él mismo se siente atraído y de cuyas proposiciones huye. Marcia acaba siendo el cuarto miembro y el soplo de aire fresco en la investigación de Carol.

Con semejante equipo es natural que, sea cual sea el misterio, quede resuelto de forma ingeniosa y las piezas se acaben uniendo. Y en la otra cara del rompecabezas, la imagen de cada oveja con su pareja nos dice que inevitablemente los zapatos seguirán envejeciendo. Pero Carol puede estar tranquila, pues… ¡de cómodos nada!

Mar.

Diane Keaton es la indiscreta vecina Carol Lipton en “Misterioso asesinato en Manhattan” (1993) de Woody Allen

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