Alicia Huberman: “Dime a mí lo que no les dijiste a ellos”

7 de marzo de 1979. Alfred Hitchcock recibe del Instituto Cinematográfico Norteamericano el premio a toda una vida dedicada al cine. Ingrid Bergman da un toque especial a la velada entregando al maestro Hitch una llave. La misma que ella había recibido 21 años antes, deseando que le abriese nuevas puertas, de manos de Cary Grant, quien la había conservado a su vez durante una docena de años tras robarla al fin del rodaje de “Encadenados” para usarla como talismán. Por supuesto, no era una llave cualquiera. La llave capaz de proporcionar tan mágico momento había sido testigo años atrás de la historia de amor de la seductora Alicia Huberman con el desconfiado T. R. Devlin. Retrocedamos unos años y cambiemos de escenario. Vemos ahora a Alicia Huberman en el centro de un gran salón, donde se celebra su fiesta de presentación. Acaba de casarse con Alex Sebastian. Alicia mira nerviosa hacia la puerta, por donde van llegando los invitados, mientras oculta y aprieta un pequeño objeto en su mano: la llave de la bodega, que según todos los indicios esconde algún secreto, y que Alicia ha sustraído a su marido en una escena que nos deja sin respiración. La llave pasará de sus manos a las de Devlin, oportunamente invitado, y con el que simulará una distendida conversación, a la espera del momento de pasar a la acción. Pero, ¿os he dicho ya que Alicia Huberman está loca por Devlin?

Retrocedamos un poco más. Cuando Alicia Huberman conoce al enigmático Devlin no está pasando su mejor momento. Su padre, un espía nazi alemán, acaba de ser encarcelado tras ser juzgado por el Gobierno norteamericano por traición al país. Desde que supo de sus actividades, Alicia no ha podido soportar nunca la situación y vive odiándole y odiándose a sí misma. Un odio que sólo terminará cuando conozca más adelante el suicidio de su progenitor, dando lugar a una especie de liberación. Mientras tanto, Alicia huye de su realidad, de fiesta en fiesta, abusando del alcohol, siempre con compañía masculina a su alrededor. Es en una de esas fiestas donde conoce a Devlin, por el que se siente atraída desde el primer momento. Pero el atractivo hombre resulta ser, para su desagradable sorpresa, un agente federal, encargado de reclutarla para que les ayude a desmantelar una red nazi ubicada en Brasil, propuesta que Alicia termina aceptando. Recién llegados a Río, Alicia y Devlin viven días de pasión. Alicia se entrega, en su búsqueda desesperada de la felicidad, ante la oportunidad de dar un giro a su vida. Devlin, aún sin conseguir dejar de lado los prejuicios por la “mala fama” de Alicia, se deja llevar. Su apasionado y largo beso en la terraza del apartamento, interrumpido sólo por pequeños trozos de una conversación banal, es difícil de olvidar. Pero, entre el deseo y el deber, el Devlin que se reúne con Alicia tras recibir instrucciones de sus superiores ya no es el mismo. Friamente comunica a Alicia el siguiente paso: Debe servir de cebo a un amigo nazi de su padre para descubrir lo que él y su peligroso grupo se traen entre manos. Alicia no puede creerlo, quiere desprenderse de su pasado y además, está enamorada. Espera una señal de Devlin, le reprocha no haberla defendido, pero él calla, no deja vislumbrar a Alicia una pista de lo que siente, no quiere influir en ella. Y tan bien lo hace que una Alicia desconcertada toma la decisión equivocada. En su afán de demostrar a Dev que puede confiar en ella, acepta. Y Dev, decepcionado, la deja echarse en brazos de otro hombre.

Más éxito tendrá Alicia Huberman con un Alex Sebastian loco por ella. Cuando Alicia llega por primera vez a casa de Alex, baja del coche sola y las puertas de la mansión se cierran, entra en escena. No sabe aún cuánto tendrá que fingir a partir de entonces. Su vida será una farsa continua. Deberá fingir amor hacia un hombre al que no ama, se casará incluso con él, sin que de nuevo salga de labios de un Devlin aparentemente indiferente una palabra que lo impida. Y deberá disimular su amor por un hombre al que tendrá que seguir viendo sin poder besar… a menos que el beso forme parte del plan.

Fingirá en su última cita con Devlin, en la que achacará su mal estado a una resaca. Alicia le devuelve el pañuelo que él anudó a su cintura cuando se conocieron… y le libera.

Pero no fingirá ya en la escalofriante escena en que descubre cómo pretenden deshacerse de ella.

Afortunadamente, Devlin sigue pensando en ella, tiene sospechas… ¡Y reacciona! Alicia saldrá en sus brazos de la mansión de Alex Sebastian. La función ha terminado. Y Devlin por fin le ha dicho lo que todos sabíamos, menos ella. Ya sé que entonces no habría película pero, “Ay, Devlin, ¿por qué no se lo dijiste antes?”

Mar.

Una bellísima Ingrid Bergman interpreta a Alicia Huberman en “Encadenados”, dirigida por Alfred Hitchcock en 1946

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4 pensamientos en “Alicia Huberman: “Dime a mí lo que no les dijiste a ellos”

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